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Cada pocos meses, entre invasión y faranduleo, escuchamos la misma frase repetida desde el Gobierno: la economía española va como un tiro, lideramos el crecimiento en Europa, los datos son excelentes. Y en cierto sentido, es verdad. El problema es que esa frase choca de frente con lo que vive cualquier persona que paga un alquiler, cotiza como autónomo o llena el depósito del coche.
El mercado que no para de subir
Empezando por lo evidente, por primera vez en la historia, aquellos que confiaron en el IBEX35, ¡tenían razón! El IBEX 35 ha vuelto a niveles que no se veían desde 2007. En lo que va de año acumula una subida del 14,4%, un 30,44% en doce meses, y un 125,23% en cinco años. Ahora mismo cotiza en torno a los 19.750 puntos, con los grandes bancos y las energéticas tirando del carro: Repsol se revaloriza un 79% en el año, ArcelorMittal un 56% y Endesa un 40%.
La objeción habitual es conocida: «El IBEX no representa a la economía real, son solo 35 empresas». Y sin embargo, según la propia CNMV, el IBEX 35 aporta alrededor del 10% del PIB nacional y el 7,1% del empleo en España, algo así como 1,4 millones de puestos de trabajo. Su capitalización conjunta supera el billón de euros, más de la mitad del PIB español. No es un dato menor, y descartar el IBEX como ‘irrelevante’ es, cuando menos, impreciso.
El verdadero problema no es que no represente, es a quién representa
Esto es a su vez lo que nos da la clave. Dentro de ese 10% del PIB que mueve el IBEX, hay una concentración brutal en solo dos sectores. Según el propio análisis de la CNMV, el sector financiero y el energético suponen más de la mitad del peso del índice, mientras que su aportación real a la economía, medida en valor añadido bruto, no llega al 10%. Dicho de otro modo, basta con que suban los tipos de interés o se encienda una bombilla más en cada casa para que el IBEX se dispare, sin que eso signifique que le vaya mejor al resto de la economía real, la que no cobra más por el mismo préstamo ni por la misma factura de la luz.
Y esto no es casualidad, es causa y efecto. Los seis grandes bancos españoles ganaron 20.164 millones de euros solo en el primer semestre de 2026, un 18% más que el año anterior, apoyados en tipos de interés más altos y en el crecimiento del crédito. Santander y BBVA marcan rentabilidades históricas del 25% y el 22,2% respectivamente. Repsol dispara sus beneficios gracias a unos márgenes de refino y unos precios del petróleo que llevan meses al alza gracias a Trump y sus acuerdos de paz.
Ese último dato conecta directamente con lo que sufre cualquier español en su día a día: los carburantes y combustibles se han encarecido hasta niveles solo vistos en la pandemia, y son la razón principal de que el IPC de agosto se disparase a la tasa más alta en más de tres años. El transporte, arrastrado por la gasolina, sube un 9,5% interanual. Curiosamente, la inflación subyacente, la que excluye energía y alimentos frescos, ha bajado ligeramente al 2,9%. No es que todo suba a la vez, es un golpe muy concentrado en la energía, el mismo golpe que dispara los beneficios de las petroleras que después celebramos en el IBEX.
Mientras tanto, la vida cotidiana
Ese mismo verano en el que la banca y las energéticas rompían récords, el alquiler también marcaba máximos históricos: 15 euros por metro cuadrado de media en España, con Madrid rozando los 24 euros/m² (casi 1.900 euros al mes por un piso de 80 metros) y Barcelona pisándole los talones. El precio de la vivienda usada arrancó el año con la mayor subida en veinte años. Detrás de esto hay un problema estructural que no se resuelve con un dato de crecimiento trimestral: España acumula un déficit de más de 750.000 viviendas, cerca de un 4% de todos los hogares del país. Pero claro, tú tienes un solar y no te dejan construir, un edificio en ruinas, pero no puedes tocar la fachada o una persona metida en tu casa al cual si echas obtienes pase directo en Malas Lenguas como un fascista.
A esto se suma la situación de los autónomos, que llevan meses denunciando una reforma de cotización que consideran injusta: quien declara ingresos netos de apenas 670 euros al mes pasa a pagar una cuota de 217 euros, casi un tercio de sus ingresos. Las asociaciones del sector llevan tiempo señalando que la reforma no cumple ni con la proporcionalidad ni con la progresividad que se prometió. Quitando el propio hecho de que exista una cuota de autónomos que te cubre de… pues no lo sé.
Y luego está el factor demográfico. España ha superado los 49,8 millones de habitantes, con más de 10 millones de origen extranjero, cerca de un 20% de la población. El impacto económico de este crecimiento poblacional es un debate real entre economistas, sin una respuesta única: aporta mano de obra en un país envejecido y sostiene el sistema de pensiones a corto plazo, pero también añade presión sobre un mercado de vivienda que ya estaba roto antes de que llegara esta ola, y genera un mercado laboral dual donde conviven salarios estancados con condiciones más precarias en ciertos sectores. Reducirlo a un titular en cualquier dirección es simplificar algo que merece más matiz del que suele recibir. Y sin hablar de que un 17% de la población trabaja para el sector público, la única empresa que no genera nada y a la que le debes todo.
El espejismo, explicado
Poniendo todo junto, el cuadro queda bastante claro. La economía española, medida en los indicadores que se repiten en rueda de prensa, efectivamente va bien: bolsa en máximos, banca con beneficios históricos, crecimiento del PIB sostenido. Pero esos indicadores están construidos, en buena parte, sobre el rendimiento de un puñado de sectores muy concentrados y muy poco representativos del día a día de la mayoría. El dinero que gana la banca con el crédito más caro, y el que gana la energética con el petróleo más caro, no es el mismo dinero que le falta al autónomo para pagar su cuota o a la familia para pagar el alquiler. De hecho, muchas veces es literalmente el mismo euro, solo que ha cambiado de bolsillo.
No hace falta elegir entre «todo va bien» o «todo va mal». Hace falta entender que son dos economías que conviven en paralelo, y que los datos que salen en los titulares no describen necesariamente la economía que tú vives. Y precisamente por eso, cuando el contexto general no juega a tu favor, es aún más importante tener tus propias finanzas organizadas: saber dónde está tu dinero, cuánto te cuesta de verdad cada gasto fijo, y si lo que ahorras está al menos protegido de esta inflación que golpea de forma tan desigual. Nadie va a organizarte esto por ti mientras esperas a que la macro se traduzca en tu nómina.



