La bola negra

Escribir sobre La bola negra, de Javier Calvo y Javier Ambrossi, en plena euforia desde Cannes, entraña el riesgo de caer en los tópicos de la memoria histórica.

Lo indudable es que es una experiencia sensorial, de luz, música y rostros conocidos, y requiere tiempo separar esa impresión del juicio crítico. De ahí la crítica: ¿es una película de TikTok, tan cargada de estímulos que no deja espacio a la reflexión? Pero los estímulos son el vehículo para mantener la atención en una dinámica en la que el espectador tiene que unir los ecos para entender lo que ve.

El debate más visible ha sido el de la Guerra Civil. No es el tema central, pero funciona como escenario de una de las tres líneas temporales y la película vuelve a ella con frecuencia, lo que la obliga a tomar partido. El reparto de papeles es claro: Albert Pla interpreta a un coronel franquista, figura del poder autoritario, mientras que la libertad queda del lado de los amantes. El esquema se complica con Sebastián, soldado no convencido del bando sublevado que se enamora de un combatiente republicano, Rafael. Aun así, la película sitúa la opresión en un bando y el deseo en otro, sitúa la bondad y la intelectualidad en el personaje de Rafael, y la ignorancia y alienación en Sebastián.

Con su éxito internacional y su condición de candidata española a los Oscar, esa lectura no es inocua, porque puede alimentar la división en lugar de contribuir a cerrar la herida. Conviene matizar que retrata una persecución concreta, según Los Javis, la de los homosexuales bajo el franquismo, y que mostrar víctimas no equivale necesariamente a dividir. Pero el riesgo existe, y el debate es legítimo.

Mi conclusión es doble. Esta película no debe verse para aprender historia, porque no es su función, ni para reafirmar prejuicios que ya se daban por válidos, porque eso empobrece tanto el debate como la obra. Merece una mirada atenta, que no se deje arrastrar ni por la euforia ni por el rechazo. Y permite medir cuánto ha cambiado el respeto hacia los homosexuales, de una bola negra en un club social de Granada a una película que llega a Cannes y a los Oscar. Una película puede ser discutible en su relato y, aun así, tener algo que decir.

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